¿Quién eres?

Soy Alberto Trujillo, fundador y CEO de Fusgement. Soy gestor de proyectos profesional certificado con PMP. También soy ingeniero eléctrico por la universidad Carlos III de Madrid.

¿Cómo elegiste la profesión?

Recuerdo que hace diez años decidí estudiar ingeniería. Vengo de una familia humilde: mi padre electricista y mi madre profesora. Siempre han trabajado mucho, incluso con algún negocio aparte. En la escuela nos decían que sin carrera no éramos nadie ya que en Ávila, que es pequeña, no hay mucho futuro profesional, y gran parte de los jóvenes marchan afuera porque allí hay muy pocos puestos de trabajo y los que quedan no son muy buenos.

Yo no quería depender siempre de mis padres. Quería poder mantenerme por mí mismo. Tuve que salir de mi ciudad para estudiar en otra ciudad, en Madrid. Formarme en ingeniería fue la decisión que tomé en ese entonces, ya que había escuchado que había oportunidades de desarrollo en ese sector. Veía plantas solares, centrales de energía, nuevas tecnologías, y quería saber cómo funcionaban y admiraba la cantidad de cosas que podían alimentar. La energía puede acelerar y aumentar las cosas que queremos hacer.

¿Te consideras bueno en lo que haces?

No me gusta decir que soy tan bueno sin más. Lo que sí puedo decir es que he tomado decisiones para no ponerme límites. Decidí estudiar ingeniería en inglés porque quería competir al mismo nivel que cualquiera, dentro y fuera. No quería que el idioma fuera una piedra más en el camino.

La ingeniería eléctrica y la propia profesión tiene ratios altos de fracaso. No es fácil sacarla en tiempo. Fue duro, exigente. Mucha gente no la termina cuando dice el plan. Yo la saqué, también gracias al apoyo de mis compañeros, trabajamos mucho en equipo e hicimos buenas amistades que a día de hoy conservo.

¿Cómo empezaste a trabajar?

Primero entré en una empresa de aire acondicionado y recuperadores de calor. Querían mejorar el producto y aprendí automatización, control y cómo funcionaba la empresa. Después pasé a trabajar con un amigo en protección y control. Fue una etapa exigente, con responsabilidad real.

Más adelante me contactaron para gestión de proyectos de celdas para subestaciones, mientras se llevaba un deslocalizaba la fábrica a otro lugar. Sustituí a un jefe de proyecto y continué lo que había dejado. Ahí aprendí a cómo alinear intereses y cómo hacer que las cosas saliesen adelante. Luego trabajé en una empresa con buen producto pero con carencias de gestión donde yo lideraba a equipos de ingenieros para proyectos grandes incluyendo proyectos complejos de más de 1 millón de euros y hasta 20 interesados, por lo que entendí cuánto influye la organización en los resultados técnicos.

¿Qué sientes ahora, tiempo después de haber acabado la carrera?

Por haberla acabado la carrera bien, que ahora estoy libre la libertad es una cosa muy bonita. Fue duro y siendo sincero la retribución no ha sido tan buena como cabría esperar, y uno esperaría que el esfuerzo tuviese su recompensa. Pero desde luego he aprendido distintas cosas y ojalá logre impulsar mi negocio.

¿Y sobre tener la presión de encargos que no quieras hacer?

Yo siempre he tenido esa presión de tareas que quizá no eran las mejores, y llevo algunos años intentando cuidarme más y no aceptar ciertos trabajos que no encajan con lo que es importante para mí. Ahora tengo más oportunidades de hacer las cosas como a mí me gustaría. Ser independiente y valorar lo que yo realmente quiero valorar.

¿Es una profesión demasiado dura?

La profesión es dura y exigente, eso no hay duda. Pero como dije, en mi caso fue la forma mejor que pensé hace años para poder vivir de manera independiente y que se me valorara por mi trabajo. Me he privado de algunas cosas y he perseverado para conseguir ser un profesional de la ingeniería.

Creo que hay margen de mejora en el sistema. La ingeniería eléctrica es compleja, pero muchas veces lo que la hace más difícil no es lo técnico sino cómo se organiza el trabajo y cómo se valora al profesional. Como sector debemos trabajar para que se entienda mejor lo que hacemos y para que se nos valore de forma justa.

¿Tú crees que eres el culpable de equipos fabricados donde estuviste funcionen mal?

La ingeniería es responsabilidad colectiva. Yo respondo por lo que está bajo mi control y siempre he trabajado con rigor. Ese criterio nunca lo he negociado. La electricidad es muy peligrosa. Es cierto que en proyectos grandes pueden existir fallos. Son sistemas complejos donde intervienen muchas personas y decisiones. Yo tengo la conciencia tranquila respecto a mi trabajo.

Sigue existiendo falta de profesionales cualificados y eso influye en la calidad de los resultados. Cuando no hay suficiente personal preparado o la gestión no es adecuada, los riesgos aumentan. Por eso creo que el sistema puede y debe mejorar. Gente formada falta y va de la mano con que sea más atractivo económicamente el negocio para que las cosas se hagan mejor. Cuando el sistema no incentiva la profesionalización y la buena gestión, los resultados se resienten y aparecen grietas. Es un problema estructural, no individual.

¿Por qué quieres llevar a cabo tu empresa?

Cuando decidí crear mi empresa no fue solo por independencia personal. Fue porque veo cosas que se pueden repetir y que suceden a lo largo de la industria. En varias empresas donde trabajé, el mayor desafío no era técnico sino de gestión, en la coordinación, en la falta de estructura y en cómo se toman decisiones.

Ahí entendí algo importante: en proyectos eléctricos grandes, complejos, la diferencia no está solo en saber ingeniería, sino en saber organizarla. Mi experiencia en protección y control, subestaciones y gestión de proyectos me permite tener una visión transversal del sistema completo. Desde el detalle técnico hasta el impacto financiero y operativo.

Lo que estoy construyendo ahora quiero que se centre en algo quizá desconocido en muchos sitios, una PMO, una oficina de gestión de proyectos, no únicamente cosas de ingenieria. La PMO es una forma de coordinar proyectos con disciplina técnica y claridad en la gestión.

Sobre la parte ingenieril, el mercado energético va a crecer. La electrificación se está impulsando a todos los niveles políticos, para disminuir la dependencia externa. Pero ese crecimiento también aumenta la complejidad y el riesgo. Y cuando aumenta la complejidad, la ejecución se vuelve el verdadero diferencial. Creo que ahí hay una buena oportunidad.

No competir por precio, sino por fiabilidad, criterio técnico y capacidad de optimizar y coordinar equipos en entornos exigentes. Mi objetivo es construir una estructura que pueda crecer manteniendo ese criterio técnico y esa disciplina de ejecución. Mi ventaja no es solo saber de electricidad, he visto cómo fallan los sistemas y haber decidido construir un mejor sistema y forma de hacer las cosas más sostenibles.

¿Cómo ves el panorama energético en España y Europa?

Eso ya viene de cierto tiempo atrás, todo el sistema eléctrico no es nuevo, lo que acaso sí que puede ser nuevo, son algunas tecnologías y cómo se integran. Pero el propio sistema en sí no es nuevo. El desafío principal es la coordinación de los actores implicados, regulación, inversión, operadores, industria y consumidores.

La electrificación es estructural y va a continuar, pero el aumento de complejidad también aumenta el riesgo si no se gestiona bien. Me queda la duda sobre si la ejecución estará a la altura del crecimiento. Ahí es donde veo los mayores retos. La red eléctrica se vuelve más distribuida, más digital y más exigente. Eso requiere más profesionalización.

¿Qué diferencias ves desde que empezaste?

Desde que empecé noto mucha diferencia, ahora hay muchas herramientas y muchas Inteligencias Artificiales, que pueden mejorar mucho la cantidad del trabajo y añadir más valor a cada ingeniero que se dedique, pero realmente se tiene que valorar que haya detrás de las decisiones una persona.

La IA es una herramienta poderosa, pero alguien la tiene que utilizar con criterio. Si no se valora lo suficiente al profesional detrás de las decisiones, a largo plazo puede traer problemas y menos personas querrán dedicarse a la ingeniería, aumentando aún más el déficit de profesionales cualificados. Si se utiliza sin criterio, puede generar más problemas que soluciones. Bien utilizada, la IA puede elevar el nivel del sector y multiplicar la capacidad de un equipo técnico sin reducir su responsabilidad.

¿Tiene futuro esta actividad, crees que se acabará?

No, no se acabará porque cada vez hay más personas y hay más dinero entonces no, no se va a acabar. Pero el crecimiento no significa que todo funcione automáticamente bien. Hay ineficiencias claras en el mercado y en la ejecución de proyectos. Ahí es donde existen oportunidades reales para quienes sepan organizar mejor la ingeniería y la gestión. La demanda energética, la transición industrial y la electrificación del transporte hacen que el sector tenga recorrido a largo plazo, si invertimos en el futuro.

¿Cómo impacta tu actividad en España?

La gestión de proyectos y la ingeniería eléctrica impactan de forma directa en la estabilidad y desarrollo del país si se hacen bien. Yo solo no cambio el sistema, pero sí puedo influir en cómo se ejecutan los proyectos donde participo, en cómo se coordina el equipo y en el estándar técnico que se exige.

¿Qué opinas del consumo y producción de electricidad?

Si no hubiera consumo no hubiese producción si bien es cierto que el consumo es cada día más grande entonces hay mucha demanda de electricidad mundial. Eso exige planificación y profesionales preparados. No se trata solo de generar más energía, sino de hacerlo de forma segura, estable y sostenible. El equilibrio entre producción, red y demanda es cada vez más delicado y requiere buena gestión.

¿Tienes sueños?

De verdad que me gustaría que mi empresa sobreviva en el tiempo. En el ámbito personal, me gustaría tener una casa propia y cómoda que fuese ecológica y energéticamente independiente, con huerto con lechugas y frutas.

Por otro lado tiempo y recursos para bailar y disfrutar con los demás, ser aceptado e incluso admirado por una comunidad y que compartamos una visión común. También tener algún día una pareja estable y formal. Y seguir construyendo algo que tenga sentido para mí. Para mí, lo personal y lo profesional no están tan separados; quiero que lo que construya tenga coherencia con la vida que quiero vivir.